Escribir algo acerca de lo que uno hace, sin ser teórico, es un ejercicio dificil. Si yo fuera otro, podría explicar con buenos argumentos que es lo bueno y que es lo que pienso que puede interesar a otras personas de lo que hago. Si fuera asiático podría hablar de tradiciones milenarias reinterpretadas en mi obra. Si fuera europeo tal vez hablaría de alguna influencia particular de cierta región de los Alpes Suizos. Si fuera australiano hablaría de los ahorigenes. Si fuera indigena hablaría de mis ancestros precolombinos. Pero sucede que soy un híbrido, nieto de inmigrantes que llegaron a un pais en el extremo sur occidental del nuevo mundo, es decir, al sur del fin del mundo.

Hablar de mi trabajo me recuerda una entrevista que le hicieron a Federico Fellini (disculpad la comparación) acerca del rinoceronte que aparece en "E la nave va". En ella explicaba que el rinoceronte que aparece en dicha película podria simbolizar algo asi como la fuerza bruta de las máquinas; por esto aparece en las bodegas, pero aunque suene como una explicación creíble, no es verdad. El rinoceronte es simplemente esto: un rinoceronte.

Pues bien, no tengo grandes explicaciones que dar; eso si, he conocido a algunas personas, algunas obras y he leido algunos libros que, queriendo o sin querer, estan presentes en mis obras y me han servi-do para reafirmar algunas cosas y descubrir otras. He aprendido a cultivar la paciencia; he entendido que el proyecto es por y para el cliente, y por tanto, que su satisfacción es fundamental como única posibilidad de vida plena o subsistencia de la obra. Pienso que la vida es breve y que se encuentra en la familia, los amigos y el trabajo; que no vale la pena perder el tiempo tratando de elaborar complejos discursos, sino que mas vale construir a riesgo de equivocarse.

Me interesa pertenecer a un lugar, tener hijos y volverme viejo. De eso trata mi trabajo. Gerardo Caballero, arquitecto argentino de Rosario, enseño en una conferencia una imagen de "Donde estd Wally?" para explicar un proyecto, preguntando a los asistentes donde estaba su proyecto. Esta pregunta de donde esta física y filosoficamente un proyecto es quizás el tema que me inquieta. El proyecto debe estar en algún lugar: que no tenga lugar hace que no exista. Actualmcnte estamos rodeados de edificios sin proyecto, sin lugar o, peor aun, de lugares comunes.

En varias ocasiones me ban preguntado sobre el colegio Altamira, sobre sus colores. A veces, incluso, se ha debatido sobre el tema, como si se tratase de algo fundamental. Creo que es algo que, en definitiva, no tiene importancia. El proyecto esta en la sección de portafolio; eso es todo.

Una de las enfermedades de la discusión en la arquitectura actual es la falta de lugar. Nadie sabe donde esta Wally. Al poeta chileno Arrnando Uribe le escuche decir un día: "porque no hay lugar, búscalo!".

No tengo ni idea de si he encontrado un lugar, pero pienso que hay algunos proyectos que si lo tienen. Son los menos, pero si pienso en ello, la casa para mi madre lo tiene al levantarse un metro del suelo, protegiéndose y conquistando la naturaleza; la casa Reutter lo tiene al trepar a los arboles; la bodega Las Niñas lo tiene al iluminar el espacio industrial con luz natural; la casa Muchnick lo tiene, al construir una terraza habitable; la casa Ponce lo tiene en el Rio de la Plata.

Basta con esto para lograr construir una buena arquitectura. Ni siquicra se si es bueno, si vale la pena buscar a Wally, en la medida que, al buscarlo, me olvido del resto de los bañistas (el cliente está a veces en medio de estos bañistas, y esto es mas grave).

Pienso y me pregunto: ¿para quien es el proyecto? Y recuerdo a Oscar Wilde en el prefacio de Dorian Gray. "Los que encuentran intenciones feas en cosas bellas estan corrompidos sin ser encantadores. Esto es un defecto. Los que encuentran bellas intenciones en cosas bellas son cultos.
A estos les queda la esperanza.
Existen los elegidos para quienes las cosas bellas significan unicamente belleza.
[...] Podemos perdonar a un hombre al haber hecho una cosa útil en tanto que no la admire. La única disculpa de haber hecho una cosa inutil es admirarla intensamente.
Todo arte es completamente inutil..."

Con esto no pretendo elevar ningun proyecto a la categorfa de arte, pero objetivamente se que he hecho algunas cosas que, desde el punto de vista de su utilidad, solo pueden sostenerse en el campo de la admiración, especialmente algunas estructuras que son absurdas y costosas, pero flotan... A veces Wally levita.
Creo que el proyecto pertenece a sí mismo, que incluso se le escapa de las manos al propio arquitecto. Obviamente, el vacío no construído del edificio Seagram no sirve de mucho e, incluso, a uno se le van los ojos para mirar el que sí está construido. No me cabe duda de que a Mies van der Rohe le costo mucho más esfuerzo construir la parte de atrás que el vacío, y que, seguramente, le habra tornado más cariño, pero lo que marca la diferencia es haber dado ese paso atrás.

Uno siempre se confunde con las apariencias.
Pablo Neruda, en su poema Agua tranquila, dice: "Quiero saltar al agua para caer al cielo".

Esta confusión acerca del cielo que esta en el agua, de Wally que simboliza al proyecto, del lugar que no debe dejar de estar pero que se sublima cuando no existe, son algunas de las cosas que me inquietan. En todo caso, escribiendo este texto he descubierto algo: Wally se encuentra preferentemente en la secciÓn.

Texto extractado de publicación 2G, n.26, Editorial Gustavo Gilli, 2003.